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Fútbol, de la copa y el puro a la city y el powerpoint

Hace unos días, cuando negociábamos su contratación como entrenador del CE Sabadell, Toni Seligrat me decía: “Madre mía cómo ha cambiado esto, no hace tanto tiempo los entrenadores negociábamos los contratos en los despachos profesionales de los directivos, llenos de humo y en plena noche, y a menudo con propuestas de pagos en dinero negro y otras cláusulas de lo más creativo”.

Efectivamente, a finales de la primera década del nuevo siglo todavía abundaban los directivos y propietarios tomando grandes decisiones sin la experiencia adecuada ni con profesionales contrastados a su lado. Y las cifras del negocio del fútbol no podían ser más desalentadoras. Casi 1600 millones de euros de pérdidas anuales en los clubs europeos, 19 de los 20 clubs de LaLiga generando pérdidas, deudas acumuladas en Europa de más de 7600 millones de euros y recurrentes denuncias de los jugadores por impago. El fútbol había tocado fondo y los inversores convencionales brillaban por su ausencia.

Fue entonces cuando los diferentes organismos que rigen el negocio del balón se pusieron manos a la obra, diseñando, aprobando y ejecutando una serie de iniciativas que a la postre han contribuido decisivamente al vuelco espectacular que ha vivido la industria del fútbol. Veamos.

6 nuevos principios. 6 grandes cambios

Para empezar, se aprobaron (o actualizaron) una batería de nuevos reglamentos (Principio 1: Regulación), en algunos casos no exentos de controversia. Repasemos brevemente algunos de los más destacados:

Financial Fair Play de la UEFA: Entró en vigor en la temporada 2011/12 y sus objetivos principales son, por un lado, evitar que los clubes con propietarios más adinerados tengan ventaja sobre el resto y, por el otro, evitar el exceso de gastos no cubiertos con los ingresos ordinarios. El reglamento establece un límite de pérdidas que pueden acumularse en períodos de 3 años, y su incumplimiento conlleva sanciones económicas y deportivas.

UEFA Club Licensing: Establece que los clubs clasificados para competiciones europeas se ajusten a una serie de parámetros de solidez financiera para disputar los torneos continentales.

Test a propietarios y directivos (Federación Inglesa): El test sobre las personas que pretenden comprar clubs de fútbol en Inglaterra se refiere a cuestiones como tener la solvencia financiera necesaria, no participar mayoritariamente en otros clubs o no tener antecedentes penales. En España hay una normativa similar bajo la jurisdicción del Consejo Superior de Deportes.

Control económico de LaLiga: En línea con el fair play financiero de la UEFA, el control –en el que también participa el CSD- establece estrictos criterios financieros que los clubes deben cumplir, entre los cuales está un límite salarial en función de los ingresos que genere el club. Se busca además que los clubes no pulvericen los incrementos de ingresos con nuevos jugadores y que se destine buena parte a la reducción de deuda.

Artículo 192 del Reglamento General de la RFEF: Establece el descenso de categoría para los equipos que no estén al corriente de pago de los salarios y no tengan acordado con los jugadores algún aplazamiento.

Real Decreto sobre la comercialización de los derechos de televisión: Aprobado en Mayo de 2015, la centralización de la venta de los derechos y el reparto más equitativo de los ingresos (por el que los equipos grandes aceptan una redistribución que favorece a los clubs más pequeños) ha supuesto un antes y un después para el fútbol español y ha sido el principal logro del Presidente de LaLiga, Javier Tebas.

Ahora sí, las normas para cumplirlas

Tradicionalmente, el control sobre el cumplimiento de las normas ha sido más bien laxo, y cuando los clubs se han saltado los reglamentos, el asunto no ha pasado a mayores, con los organismos competentes mirando hacia otro lado o tras la promesa de no incurrir en nuevos incumplimientos. Pero esta situación ha cambiado también de forma radical, produciéndose un escrupuloso marcaje sobre los clubs para que respeten las reglas de juego de los despachos (Principio 2: Control estricto), y con la implacable ejecución de las sanciones derivadas de las malas prácticas (Principio 3: Castigo).

 

De este modo, en relación a los reglamentos expuestos anteriormente, los clubs de fútbol deben, por ejemplo, someterse a las auditorias de la UEFA para demostrar que cumplen con el fair play financiero o reportar trimestralmente sus cuentas a LaLiga para demostrar que no se han producido desviaciones respecto a los presupuestos aprobados por el control económico.

Pero también deben acatar las sanciones sin rechistar, o en caso de hacerlo asumir que las posibilidades de obtener el perdón son nulas. Ahí están las penalizaciones al PSG por salirse de los parámetros de pérdidas marcadas por el fair play financiero (en forma de multa y limitación de inscripción de jugadores para la Champions), la no aprobación por parte de la Premier del inversor chino que pretendía comprar el Southampton (al no superar Lander el test de nuevos propietarios por procesos judiciales en China), los descensos administrativos del Elche y el Murcia sin que de nada sirvieran las movilizaciones de aficionados o la prohibición de LaLiga de inscribir a Pedro León en agosto de 2014 por superado el Getafe el tope salarial marcado.

Reparto más equitativo y menor opacidad

Los tiempos en que los equipos más poderosos se repartían la mayor parte del valor y tomaban decisiones en nombre de la mayoría también han quedado atrás. De este modo, en cualquier decisión de LaLiga el voto de equipos como Alcorcón o Lugo tiene exactamente el mismo valor que el de Barcelona o Real Madrid (Principio 4: Democracia), aceptando estos últimos una centralización de la venta de los derechos de televisión que ha reducido drásticamente el porcentaje del total de ingresos que se venían repartiendo los dos grandes (del 50% al 20% aproximadamente). Todo ello en un nuevo marco en el que nos vamos acostumbrando a tener más visibilidad sobre los entresijos del negocio del fútbol, como ver publicadas las comisiones cobradas por los agentes o las cuentas de los clubs de fútbol en sus páginas web con todo lujo de detalles (Principio 5: Transparencia).

Por último, la implantación de mecanismos importados de otras ligas, como el de ayudas al descenso (posible ahora en el marco del crecimiento de los ingresos de televisión) ha significado que los equipos más modestos pueden invertir en jugadores con mayor tranquilidad cuando ascienden de categoría, sabiendo que tienen una protección económica en caso de volver a descender (Principio 6: Protección). Otras protecciones o ayudas se traducen en que, por ejemplo, LaLiga se convierte a menudo en banco con anticipos a los clubs en momentos de punta de tesorería. También las sanciones severas a los equipos que no cumplen las normas son una forma de proteger a aquellos que sí las cumplen.

El fútbol ha cambiado. LaLiga en el mejor momento de su historia

La implantación de los 6 principios que hoy hemos analizado –Regulación, Control estricto, Castigo, Democracia, Transparencia y Protección- ha influido decisivamente en la transformación de la industria del fútbol, que en los últimos años ha pasado a ser rentable, atrayendo de nuevo a inversores de todo el mundo. El vuelco que se ha producido en las finanzas del deporte rey ha sido realmente espectacular. El endeudamiento en Europa se ha reducido del 65% al 40% de las ventas, y en España las deudas han caído un 25% durante los últimos 4 años. Los ingresos de LaLiga Santander se encuentran en máximos (casi 2,400 millones de euros en la temporada 2015/16), gracias sobre todo al crecimiento de los derechos de televisión tras la centralización, y llevamos 4 temporadas consecutivas de beneficios conjuntos en LaLiga Santander. Así, hemos pasado de 19 equipos de 20 en pérdidas a 19 de 20 en beneficios, y hasta LaLiga 123 ha entrado en beneficios. Si además nos fijamos en los récords de asistencia a los estadios (más de 14 millones en la temporada 2016-17, 71,5% de la capacidad), podemos afirmar con rotundidad que LaLiga se encuentra en el mejor momento de su historia.

Ante esta situación, no es de extrañar que en los últimos 2 años se hayan producido compras de clubs de fútbol en Europa por valor de casi 2,000 millones de euros. Y lo que es más importante, no se trata únicamente de magnates asiáticos en busca de popularidad, sino también de empresas de inversión que han ya empezado a encontrar en el fútbol la rentabilidad que hasta ahora buscaban en otros sectores.

Los partidos financieros ya no se disputan en los restaurantes con copa y puro. Se han trasladado a la “city” de Londres con minuciosas presentaciones en Powerpoint preparadas por los nuevos profesionales del fútbol… que como mucho se tomarán un gin tonic en el popular formato “after work”.

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